OFICIOS ANTIGUOS

Antonio Mogollón Mogollón, con él terminó una dinastía de vaqueros en Malpartida

NOTICIA DE ALFONSO BARRIGA GAARCIA02/05/2012
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Antonio Mogollón Mogollón, 82 años, ha sido el vaquero de Malpartida y la profesión se le ha quedado como un apellido. Su hija, y él mismo, nos comentan orgullosos este apodo "yo siempre he sido la vaquerina" interviene su hija que le vigila mientras come.

Guarda una buena memoria, y nos hace un repaso de su vida. La vida de un niño que con 8 años se lanza al monte a guardar cochinos, "aunque hacía de todos los oficios, segaba, cortaba la encinas, descorchaba, araba la tierra".

En Juan Ramos, la finca en la que pasó la mayor parte de su juventud, nunca tuvo domingos ni fiestas " si acaso alguna vez, sobre todo por Noche Buena, nos juntábamos todos los de la finca, en un chozo o en la casa, y allí hacíamos la fiesta. Como en el campo también había mujeres de nuestra edad, hacíamos bailes. Uno tocaba con un peine y papel de fumar, y los demás bailábamos. Para la cena cada uno llevaba lo que podía, una botella de leche, un cabrito, o una "pelailla"

Ya de mozo, tuvo la oportunidad de estrenar un traje, en una fiesta de Santiago. De escuela poca, "figúrate mi padre nos enseñaba a mí y a mi hermano, a la luz de un candil, a leer y escribir", aunque donde aprendió algo fue en la escuela de Diego el Cojo, en la calle Corte "venía a traer la hierba para las vacas y los cochinos y aprovechaba para que el maestro me tomara la lección, después me volvía a la finca".

La mili le sirvió para salir de casa por primera vez, al Pardo, en Madrid " nos fuimos en tren, que era una carreta. Nos bajábamos a hacer nuestras necesidades en marcha  y todavía nos daba tiempo a cogerlo, de despacio que iba. Muchas veces vimos pasar por allí a Franco. Ahora que allí paseé mucha hambre, nunca he pasado tanta"

Su padre falleció con 65 años y le licenciaron unos cuantos meses antes, con lo que volvió a hacerse cargo de las piaras de cerdo y de las vacas que tenia su padre, continuando así el trabajo de cuatro generaciones.

Pero el trabajo que más parte de su vida ha ocupado ha sido el de vaquero. Antonio Mogollón fue, y será para siempre, el vaquero del común, el último vaquero de una saga aunque "mi hijo estuvo unos meses cuando yo lo dejé y ya quedaban pocas vacas".

Por aquellas fechas  tener vacas en casa era muy normal, y los propietarios las llevaban todos los días al común.  Antonio y  Juán Cabrera que era un chico que tenía como ayudante, las esperaban en los pajares de la Nora, y allí se juntaban más de cien vacas que las llevaban a pastar a los prados, a la Cañada o a la Zafrilla. Por la tarde, antes de que anocheciera, volvían a desandar el camino, y regresaban a la Nora. Allí, las vacas, solas, enfilaban cada grupo el camino de casa donde las esperaban sus dueños.

La modernidad, y que ya comenzaban a circular coches por Malpartida, acabó con esta práctica y se fueron a una parcela junto al cementerio, donde poco a poco se fue extinguiendo este negocio "porque las vacas eran un trabajo muy sacrificado y los jóvenes no lo querían".

A Antonio Mogollón todavía le quedan huellas en su cuerpo del duro trabajo en el común con las vacas. Atendía los partos, curaba las enfermedades de los animales "aunque había muchos veterinarios y teníamos que llamarlos cuando la cosa no venía bien. Tengo las costillas "estrozás" de pegar tirones para sacar el choto.

La conversación, de más de una hora, dio para mucho, muchos recuerdos buenos y malos. Hablamos de las fiestas de joven, de los bailes en la Morcilla o en el Caracol, o en la Gloria, de cómo conoció a su mujer, del día que se casaron, de las penurias los días de tormenta, cuando en los regatos de la Cañada le daba el agua por la barriga a las vacas, de lo ingrato de la profesión de vaquero, sobre todo cuando mandaba al chico a cobrar y se venía de vacío. A pesar de que para él, en esta profesión no había días ni noches, ni fiestas, y que más de una vez lo levantaron de la cama, nadie tuvo nunca un detalle de agradecimiento "aunque yo cobraba mi sueldo del común. Solamente tu tío Paco Barriga, fue el único que durante unas cuantas navidades me regaló un pollo".

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